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EL PRIMER PERIÓDICO DE QUITO

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 El jueves 5 de enero de 1792, el vecindario de la capital de la República fue testigo de la circulación del primer número del periódico “Primicias de la Cultura de Quito”, que propiamente fue un quincenario bisemanario porque aparecía cada dos semanas.

Semanas antes del 5 de enero de 1792 circuló la llamada “Instrucción previa sobre el papel periódico intitulado Primicias de la Cultura de Quito, y la comunidad siguió con especial interés el inminente acontecimiento.

El contenido de la “Instrucción previa… “ fue para preparar a los vecinos para que la lectura asidua de Primicias de la Cultura de Quito y, de igual manera, guiarlos al mejor aprovechamiento de su contenido que incluiría aspectos literarios y científicos, sugerencias educativas, reflexiones filosóficas, análisis sociales, políticos y más temas afines.

En aquel prospecto, Espejo anunciaba que desde el 5 de noviembre de 1791 se admitirían suscripciones a razón de real y medio de plata por cada pliego completo y advertía que cada número del futuro periódico no podría pasar de “cuatro folios en cuarto”.

Según el documento, el periódico se publicaría cada 15 días, empezando el jueves 1 del mes de enero de 1792. Efectivamente, apareció el día cinco de ese año.

Desde su primera publicación en la histórica fecha indicada hasta el 29 de marzo que fue la última, el periódico de Eugenio de Santa Cruz y Espejo completó siete números.

La labor bien intencionada de Espejo a través de su periódico comenzó a recibir ataques y críticas infundados; tampoco faltaron las represalias a partir del número 2 de Primicias de la Cultura de Quito, por lo que el humanista tuvo que redoblar sus esfuerzos para atenuar los ataques de sus gratuitos detractores.

Pero a pesar de la férrea acción de Espejo, las repudiables actitudes de algunos déspotas y engreídos que se sintieron ofendidos por las verdades que trató Primicias de la Cultura de Quito, le ganaron la lucha al periódico y este dejó de publicarse. Muchos suscriptores retiraron el apoyo económico y las ediciones se interrumpieron definitivamente en marzo de 1792. Para colmo, las actividades de la Sociedad Patriótica Amigo del País llegaron a su fin en 1793.

En los años en que el incansable y visionario médico y patriota Eugenio Espejo alcanzó a poner en circulación el primer número del periódico Primicias de la Cultura de Quito, el ambiente colonial presentaba un panorama bastante desalentador, especialmente en lo político, social, cultural y económico.

En efecto, la Presidencia de Quito vivía los últimos años del siglo XVIII y aquellos inmersos problemas pesaban sobre los grandes grupos humanos que estaban relegados por las autoridades y demás individuos que de diversas formas representaban a la corona colonizadora española en esta parte de América.

Esas y otras determinantes causas, acompañadas de discriminación y prepotencia, fueron las que motivaron al mestizo Espejo a insistir en sus afanes reivindicadores, que a la luz de su talento incluyeron la edición de un vocero que testimonie los logros culturales y científicos de entonces, sin dejar a un lado el análisis y la propuesta de solución a los conocidos problemas que se vivían.

Eugenio Espejo no desmayaba en su noble afán y tal como lo hizo desde 1786, en la creación de las Sociedades Patrióticas que estarían encargadas de motivar y difundir toda la labor científica y cultural, siguió inclaudicable en su tarea que lo hizo enfrentar las actitudes fanáticas y represivas del colonialismo hispano.

Fue así que el 30 de noviembre de 1791 nació la Sociedad Patriótica Amiga del País (Escuela de la Concordia), que abrió mejores posibilidades para concretar el tan ansiado proyecto periodístico del prócer quiteño, quien recibió el nombramiento de secretario de la entidad y redactor único del periódico que se editaría con la urgencia del caso.

Eugenio Espejo es considerado no solo el fundador del periodismo ecuatoriano sino un brillante polemista y pensador.

Sus ideas libertarias dejaron huella en sus alumnos, quienes el 10 de Agosto de 1809 lanzaron el primer grito de independencia en América Latina.

El doctor Rodrigo Ferro Benítez, uno de los poquísimos investigadores que han indagado con profundidad la vida y obra del genial precursor, señala: “Eugenio Espejo no fue tan solo un revolucionario auténtico, de los que sin alharacas dan la cara, corren un riesgo y se mantienen en sus trece en la edad adulta, sino además el estudioso que con elementos limitadísimos cultivó con ahínco, con método, un campo del conocimiento científico. Y de este ejercicio, tampoco cabe duda, floreció su engallamiento, su hacerse valer, su no tener precio”

Fierro Benítez destaca que Eugenio de Santa Cruz y Espejo fue el hombre que tuvo el coraje, acompañado del talento suficiente, para enfrentarse a cuerpo descubierto, sin contemplaciones ni atenuantes, a todo un sistema.

Fuente: ecuadoruniversitario.com

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