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La leyenda de la “Olla del panecillo”

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Como vestigio de la época incaica en este sector encontramos “la Olla del Panecillo”, que es una especie de cisterna circular de ocho metros de profundidad que se llenaba de agua lluvia que era utilizada para el riego de los sembríos del lugar. En tiempos de la colonia el agua que aquí se recolectaba servía para el riego de los jardines de la mansión de Bellavista y luego fue utilizado como sitio de defensa de las tropas coloniales durante la batalla libertaria del Pichincha, el 24 de Mayo de 1822

Cuenta una leyenda de El Panecillo, que había en Quito una mujer que diariamente llevaba su vaquita al Panecillo. Allí pasaba siempre porque no tenía un potrero donde llevarla. Un buen día, mientras recogía un poco de leña, dejó a la vaquita cerca de la olla. A su regreso ya no la encontró. Llena de susto, se puso a buscarla por los alrededores.

Pasaron algunas horas y la vaquita no apareció. En su afán por encontrarla, bajó hasta el fondo de la misma olla y su sorpresa fue muy grande cuando llegó a la entrada de un inmenso palacio. Cuando pudo recuperarse de su asombro, miró que en un lujoso trono estaba sentada una bella princesa.

Al ver allí a la humilde señora, la princesa sonriendo preguntó: -¿Cuál es el motivo de tu visita? – ¡He perdido a mi vaca! Y si no la encuentro quedaré en la mayor miseria -contestó la mujer sollozando. La princesa, para calmar el sufrimiento de la señora, le regaló una mazorca y un ladrillo de oro. También la consoló asegurándole que su querida vaquita estaba sana y salva.

La mujer agradeció a la princesa y salió contenta. Cuando llegó a la puerta, ¡tuvo la gran sorpresa! -¡Ahí está mi vaca! La mujer y el animalito regresaron a su casa..

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