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QuitoEn360 | 10/05/2021 | 0 Comments

Los humilladeros de Quito

Conocidas por ser simplemente las cruces que se ubican en el exterior de una iglesia o capilla, estas estructuras, que reciben el nombre oficial de humilladeros y están generalmente levantadas en piedra o madera, tienen un significado e historia propias.

En Quito, además, han ganado fama gracias a la pintoresca Calle de las Siete Cruces, que no es otra que la García Moreno.

Los primeros antecedentes de estas estructuras provienen de la cultura griega temprana, inicialmente construían sus templos para ser morada de los dioses y no estaban destinados a albergar fieles para el culto.

Por esta razón se solían colocar pequeños altares para las ofrendas en la parte exterior, con una imagen o una pila de rocas a la que los visitantes debían seguir aportando.

Este primer momento de existencia de los humilladeros nos permite ver, entonces, que estas estructuras estuvieron ligadas desde su inicio a la adoración y la fe, aunque esta no fuese originalmente cristiana.

De hecho, su nombre proviene de haber sido lugares en los que los creyentes se humillaban ante los dioses, rindiéndoles pleitecía.

Tras la conquista de Grecia por el Imperio Romano, y la conversión de este último al cristianismo en el año 380 d.C., los humilladeros fueron también incluidos dentro del proceso de apropiación de la nueva religión, y así se extendieron a la provincia de Hispania (actuales España y Portugal), desde donde se extenderían posteriormente al continente americano en general.

En Quito, los humilladeros con forma de cruz llegaron junto con los españoles en 1534, y es obvio que su uso fue el de cristianizar lugares sagrados de los pueblos aborígenes; aunque con el tiempo se convertirían en parte de la arquitectura esencial que todo templo católico

Finalmente, los humilladeros quiteños también llegaron a ser protagonistas de la historia temprana de los movimientos independentistas del siglo XVIII, pues la madrugada del 21 de octubre de 1794 el prócer Eugenio Espejo las utilizó para colgar de ellas telas color vino con la leyenda en latín «Salva Cruce Liber Esto.

Fuente: LosLadrillosDeQuito

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